


Cumples con tus responsabilidades, aunque por dentro estés agotada.
Vives rápido y siempre hay algo antes que tú.
Cuando intentas decir que no, te invade la culpa.
Desde fuera parece que puedes con todo, pero por dentro estás saturada y desconectada de ti.
Quieres recetas o pautas para dejar de sentir o eliminar lo que sientes.
Esperas cambios sin implicarte ni comprometerte en el proceso.
Crees que el cambio viene de fuera o mediante una varita mágica.

“Comencé terapia porque llegó un punto en el que ya no podía más estar dando vueltas a todo, tenía ansiedad y no sabía como dejar de pensar. Durante la terapia contigo aprendí que lo que hacía era una forma de protegerme y que intentar tenerlo todo controlado no me estaba viniendo tan bien como yo pensaba. Ahora sé lo que me estaba pasando y te doy las gracias porque he vuelto a hacer cosas que antes no hacía y sobre todo lo más importante para mi, A DISFRUTARLAS, gracias mil veces!”

“Puedo decirte que para mi has sido todo un descubrimiento, la verdad es que la terapia me ha hecho ver porque aparecían en mi estos pensamientos y porque toda mi vida me he comportado tan exigente conmigo misma. Gracias a tu trabajo pude empezar a hacer otras cosas distintas, a cuidarme sin tener que esperar a mi límite y "sacando menos el látigo" (como tu dices). No diría que ahora todo es fácil pero vivo dándome bastante más permiso y luchando menos con mi cabeza. ”

“Al principio, no sabía muy bien que me pasaba. Yo me sentía muy cansada, triste, apagada, como si algo no "estuviese bien en mi". En todo este tiempo he aprendido a conocerme mejor a saber porque a veces me siento así y que el problema no es tanto lo que sientes sino lo que haces tú con eso. La verdad es que entender eso me abrió una puerta enorme para querer controlar yo mi vida y no quedarse sentada esperando... Gracias, porque a pesar de que la terapia no es nada fácil, siento que he recuperado mi vida de nuevo. ”
Psicóloga General Sanitaria

Te cuento mi historia...
Llegué a esta profesión después de un accidente de coche que me cambió la vida y de mi perro Kimbo, que me enseñó algo que ningún libro me había explicado: que a veces lo que sostiene no es un consejo, sino una presencia.
De ahí nació todo. Mi interés por la terapia, por el acompañamiento, por los animales como herramienta terapéutica.
Mi trabajo no es darte frases bonitas. Es ayudarte a entender qué te pasa, qué lo sostiene y cómo empezar a relacionarte de otra manera con ello.

©Jennifer Cano